Jun 21, 2011

Incapacilandia

Por Luis Mata

 

En los últimos 30 años, nuestro país a involucionado. Los y las incapaces se comenzaron a colar en los distintos estamentos de la sociedad, gracias a la desidia y a un sistema educativo diseñado desde los despachos, que elimina todo vestigio de pensamiento crítico y racional y con ello, la iniciativa individual que es necesaria en toda sociedad.

Los y las tecnócratas, fueron presentados como el non plus ultra para ejecutar las labores gerenciales de la sociedad; se creyó –erróneamente- que los títulos validaban no solo el conocimiento teórico, sino la capacidad de abstracción, es decir, de resolver problemas complejos o soñar grandes proyectos y construirlos. El sentido común no es requisito, porque la única manera de evaluarlo, es en la acción concreta.

La mejor muestra de ésta ineptitud, es el gobierno de Laura Chinchilla Miranda: No opina de nada, ni asume posición en ningún tema, pues sencillamente es incapaz de hacerlo. En la teoría todo es maravilloso; pero la realidad es terriblemente descarnada, a la hora de desnudar nuestra incapacidad. Sin embargo, tal grado de inutilidad no es posible, sin la complicidad de quienes en la acera de enfrente, han vivido de los réditos que deja la incompetencia: Consultorías eternas y diagnósticos sin fin, sumados a quienes solo saben defender sus pequeños cotos de poder y cero obras concretas, es la realidad real del reino de incapacilandia.

Tomo como ejemplo la Caja del Seguro Social: Víctima de administradores incapaces que la convirtieron en un botín para hacer grandes y pequeños negocios; sea pagar enormes facturas por servicios médicos, hasta el pago de horas extras a médicos que ni siquiera tienen la decencia de cumplir con el horario normal, hoy está realmente a las puertas de quebrar. Así las cosas, no deja de sorprender que la Unión Médica Nacional, publique un campo pagado para exigir “sus justos derechos” o que UNDECA circule un manifiesto haciendo un llamado a huelga, dizque por la misma razón.

Quienes solo defienden sus supuestos derechos, pero olvidan sus deberes, son cómplices de matar la caja. Dos casos puntuales de grupos de personas, que ni ven la crisis, ni les importa y la mencionan como párrafo de un discurso, del que ellos y ellas no se sienten parte y menos responsables. Cuando el barco se hunde, hay que salvar el barco como un todo y no pensar en quien ocupa los mejores camarotes.

Es justo decir que hay hálitos de esperanza; escuchar a don Geovanni Ramírez de la ANEP en un programa de radio manifestarse en contra de tales acciones, deja claro que la diferencia, la hacen las personas y no las etiquetas ideológicas. Encontrar gente responsable, merece que se mencione; de la misma manera que la labor del Señor Carabaguíaz en el INCOFER, es una muestra de que es posible hacer cosas, porque más valen actitud y aptitud, que millones en consultorías y diagnósticos.

La incompetencia, como bien señala Juan Francisco Montealegre, es una pandemia y hay que desnudarla; el país nos lo exige y el tiempo se agota. Más que el movimiento de los indignados, acá hay que hacer un movimiento de cabriados, que ponga las cosas en su lugar. Lo que está en juego va más allá del discurso vacío o las moralizaciones efectistas.

Hay quienes tienen mucho galillo para satanizar personas, pero se quedan afónicos a la hora de hablar en serio de los problemas nacionales y eso tiene que acabarse. Es tiempo de revisar detenidamente cuales son las acciones concretas y reales, de tanto personaje que se valida, a partir de los puestos políticos que ocupó en su pasado, pero omite decir qué hizo en
tales puestos, en beneficio directo de la ciudadanía.
 

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