Jun 27, 2011

Libre albedrío

Por Luis Mata

 

Hay días en que al leer los periódicos, uno se pregunta en qué siglo esta. Como en la “Dimensión Desconocida”, nos acostamos en el siglo XXI y amanecemos allá por los mil quinientos, pues solo así se explica que el oscurantismo, la ignorancia y el fanatismo, persistan en sociedades que se presumen de liberales.

Que la iglesia católica, adoctrine a quienes imparten lecciones cuasi obligatorias de religión, no me preocupa; al fin y al cabo es su derecho: pero que adoctrine con falacias y mentiras, sí tiene que preocuparnos. El caso de la Fecundación in Vitro es una muestra patética de eso; súmele que personas tan intolerantes como Alexandra Loría Beeche, presenten recursos de inconstitucionalidad contra campañas educativas o que haya diputados y diputadas incapaces de sostener sus puntos de vista, sin recurrir al insulto, nos recuerda que en materia de Derechos Individuales estamos muy lejos de lo que pregonamos al mundo y firmamos en convenios, que luego no respetamos.

A la falta de argumentos, se recurre al miedo y la intolerancia: quienes no tienen “por gracia de Dios” la capacidad de engendrar sin ayuda médica, si recurren a las herramientas científicas existentes, se les acusa de abortistas y de propiciadores de la venta de embriones y asumo, de la creación de una nueva raza de Frankensteins; cargan con los estigmas de ser castigados por alguna razón divina, de asesinos y mercaderes y además de carentes de ética y moral, como ha dicho en reiteradas ocasiones la diputada Rita Chávez Casanova.
 
Confieso que nunca he entendido las contradicciones eclesiales; ¿Porqué si Adán y Eva se comieron la naranja –por ningún lado la Biblia habla de manzanas- millones de años después sus descendientes tengamos que seguir pagando la culpa del pecado original?, ¿Porque si Jesús hizo un nuevo pacto –Testamento- es decir, un nuevo contrato, hay interpretadores que justifican sus propias aberraciones y complejos, recurriendo al viejo pacto –Testamento- es decir contrato? ¿Porqué si amar a Dios es una opción que él mismo nos concede, haya quienes nos lo quieran imponer a sangre y fuego, condenándonos a un infierno, que solo existe en sus mentes? No entiendo –y lo escribo con absoluta franqueza- cómo si Dios nos da el Derecho al libre albedrío, haya quienes lo impongan. No entiendo cómo, si Dios es amor, haya quienes en su nombre, prediquen odio.

En un estado liberal como el nuestro –el marxismo no está exento del pensamiento religioso y como tal niega el libre albedrío- resulta absurdo que haya quienes crean que, por garantizarse el derecho a las personas a elegir, haya que encender hogueras en contra de esos derechos; menos puedo entender, que si el mismo Dios nos concedió el derecho a elegir y discernir, haya quienes se sientan tan ofendidos, precisamente, por hacer uso de un don divino.
 
La Fecundación in Vitro no será obligatoria; es falaz y abiertamente mentiroso, suponer que toda pareja que sufra de la imposibilidad de procrear por las vías tradicionales, vaya a usar el Derecho que se le concede, como lo es también suponer, que una campaña que pone el dedo en la llaga sobre un problema real por falta de educación sexual  --cuya consecuencia directa es el nacimiento de más de de diez mil niños y niñas anuales de madres adolescentes y niñas- incite a tener relaciones sexuales a nuestros niñez. Eso solo puede caber en la mente de una persona cuyo intolerancia raya con la idiotez y es propio de quienes quieren un estado teocrático en nuestras tierras.

Es un totalitarismo que niega a las personas el derecho a decidir nuestro camino y asumir las consecuencias --divinas o terrenales-- por nuestras decisiones. Es propio de un pensamiento que niega todo aquello que --si leen y entienden- en el Nuevo Testamento, está implícito y bien explicadito. Como decía al principio: hay días que uno lee los periódicos y no sabe en que siglo esta.

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