Jul 14, 2011

Tiempo de definir

Por Luis Mata

El discurso de Laura Chinchilla sobre la Caja me deja claro que no está a la altura de las circunstancias por las que atraviesa el país.  Se puede resumir en: Tenemos un problema serio en la Caja, el estado pagará ochenta mil millones que es lo que reconoce como deuda y haremos una comisión –otra más- que nos diga qué vamos a hacer. Cinco minutos de discurso pagados con fondos públicos, que fueron un gasto.

Criticar a doña Laura en su hacer es muy difícil; son tantas las omisiones y torpezas, que uno no sabe cual señalar; pero podríamos resumirlo en que le falta valor –coraje- y que el puesto le quedó grande, porque la Presidencia de la República no es un puesto para tecnócratas, sino para Políticos –así con mayúscula- que entiendan y asuman, que sus decisiones nos afectan sin excepción, en el corto, mediano y largo plazo.

Buscar culpables de la crisis es el camino fácil; basta encontrar un “enemigo” y mandarlo a la hoguera; pero eso no resuelve el problema. Es seguir con la política de patear la bola hacia delante, para que le toque a otro; desde 1986 eso es lo que hemos padecido en los distintos poderes, aunque a distintas velocidades: pasamos de un Piza en la Sala Constitucional, un Villegas en el TSE o un Volio en la Asamblea Legislativa, a lo que tenemos hoy. De un Oduber, Trejos Fernández o Carazo Odio, a los Oscar Arias, Calderón, Figueres Olsen o Laura Chinchilla; la incapacidad disfrazada de frases bonitas y poses intelectuales o de tecnicismo sin visión de estado.

El gobierno de la república es una serie de islas en que los Ministerios ejecutan –a veces- las ocurrencias del jerarca de turno; el Ministro de la Presidencia llamado a articular y coordinar las decisiones de la Presidencia, es una caricatura de carne y hueso de Johnny Bravo, que al igual que el dibujo animado, carece de capacidad y liderazgo. Guillermo Constenla se aprueba a sí mismo un incentivo por productividad a todas luces inmoral; ¿qué hace el Ministro de la Presidencia? Nada. El ministro de educación lanza su política de trimestralización; ¿sabía algo el Ministro de la Presidencia? En un tema capital para una sociedad; ¿se discutió la propuesta en el seno del Consejo de Gobierno? Pero igual sucede en todos lados. Cada isla ministerial hace lo que quiere, aunque eso contradiga o choque con otra isla y lo que el país sufre es un desconcierto total, porque quienes fueron elegidos para dirigir, no lo hacen.

Mientras el país colapsa, las definiciones y los liderazgos se postergan o lo que es peor, no se asumen; las viejas caras de los partidos de pensamiento distinto –que son parte del problema y no de la solución- se la lavan y pretenden con discursos desgastados y dogmáticos, asumir un liderazgo al que ya se les dijo que no, porque cuando debieron hacer, se acobardaron y en su pusilanimidad, buscaron excusas para esconder su miedo; esto sin contar, a quienes en el examen de la realidad, no lo pasaron, porque en tiquicia, todos sabemos quien es quien, aunque haya recicles de un partido a otro.

Expuesta la sociedad costarricense al natural cambio generacional, se encuentra con que, quienes tienen la capacidad, no la asumen y quienes lo hacen, no son una generación, sino una degeneración, cuyo peor acto de inmoralidad y falta de ética no es robar, sino acomodarse a donde mejor le calienta el sol y ocultar lo que piensan, en función de la prebenda académica, social, politiquera o económica.

Los tiempos actuales, requieren decisión; asumir las consecuencias por las decisiones y perder el miedo a asumir el costo de hacer. Hacer otra cosa, es pecar de omisión y ese, es el peor de los pecados, según mi modo de ver la cosa.

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