Sep 14, 2011

El Servicio Paz y Justicia en América Latina ante los hechos sucedidos en Haití y que involucran al contingente uruguayo en la MINUSTAH

Por SERPAJ (Servicio Paz y Justicia en América Latina)

En abril de 2005 un grupo de representantes de diversas organizaciones, plataformas y redes sociales continentales, realizamos una Misión Internacional de Investigación y Solidaridad, en el marco de la intervención de la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH).

Ya en aquel entonces, en nuestro informe final planteamos la importante incongruencia de implementar una solución militar a una situación que no se caracterizaba por ser un conflicto armado interno, como así se pretendió insistentemente inducir en la opinión pública, a través de la primera intervención de EEUU, Canadá, Francia y Chile, luego de la deposición del presidente Aristide.

La MINUSTAH ha estado ocupando Haití desde el 1º de junio de 2004 y en este momento transcurren las instancias de discusión sobre la renovación de su mandato, el cual está autorizado por el Consejo de Seguridad, hasta el 15 de octubre de 2011.

En la actualidad la misión dispone de 12.270 efectivos militares y policiales de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Granada, Guatemala, Jamaica, Paraguay, Perú y Uruguay, entre un total de 55 países.

El presupuesto aprobado para esta misión desde el 1 de julio de 2010 al 30 de junio de 2011 fue de US$853.827.400, según información oficial proporcionada en el sitio web de la misma.

Uruguay aporta a esta misión efectivos militares y policiales.

Los hechos de violación denunciados recientemente no son los primeros. En abril de 2010, organizaciones sociales haitianas acusaron a efectivos uruguayos de la muerte de ciudadanos en la ciudad de Les Cayes, al reprimir una manifestación popular que clamaba ante la suba inadmisible de los productos alimenticios básicos.

En la reciente reunión, el 8 de setiembre, los Ministros de Defensa de los países latinoamericanos que forman parte de la MINUSTAH evaluaron la posibilidad del retiro progresivo de las tropas, hasta en un 15 % porque, según palabras del chileno Mariano Fernández, Representante Especial y Jefe de la MINUSTAH, “la situación amerita mantener las tropas para la seguridad” ya que "especialmente hay puntos como la frontera de Haití con República Dominicana donde se observa mucho tráfico de personas y delincuencia".

El canciller uruguayo Luis Almagro expresó asimismo, que se ponderará el retiro gradual hasta que Haití brinde una situación de “seguridad, administración de justicia, respeto a los derechos humanos".

Parece contradictorio con los sucesos denunciados. Un pueblo históricamente violentado recibe además la violencia de quienes se arrogan la potestad de forjar su futuro considerándoles incapaces de gestarlo por sí mismo.

En la denuncia hecha por la organización haitiana en contra del contingente uruguayo se expresa: “El CREDOP informa al público en general y en particular al Presidente de la República, Sr. Michel J. Martelly y la
Asamblea Nacional (Senadores y Diputados del 49º Parlamento) que el contingente uruguayo de la MINUSTAH en la base de Port Salut muestra un comportamiento despectivo, insultante, irrespetuoso e injusto para los ciudadanos y el medio ambiente en Port Salut (…) La MINUSTAH, con sus grandes recursos financieros, no participa en ningún proyecto de desarrollo en Port Salut, para satisfacer las necesidades de una población en rápido crecimiento.

Para ello sería necesaria la construcción de centros de atracción, campos de fútbol, parque infantil, centros de salud y centros de formación profesional y técnica en favor de la juventud que crece. La MINUSTAH debe ser declarada PERSONA NON GRATA en Port Salut.

Por practicar la prostitución, la pedofilia, la marihuana en la presencia de menores, el vertido de excrementos / heces en aguas residuales y desechos y basura de la MINUSTAH, que es uno de los problemas más graves para el Medio Ambiente y la Sociedad, y niños y adolescentes”.

La misión ha permanecido en Haití durante más de siete años, sin resultados concretos que arrojen diagnósticos distintos a aquellos primeros que fundamentaban su instalación. Más bien, las voces locales y las internacionales que han sostenido a lo largo de este tiempo distintas expresiones de solidaridad con el pueblo haitiano, insistimos en que la presencia de la MINUSTAH es una ocupación que violenta, entre otros, los derechos a la soberanía nacional y a la autodeterminación.

Una vez más exhortamos a los Estados, revean en forma urgente las políticas regionales e internacionales de cooperación con Haití.

¡Exigimos el retiro inmediato de las tropas y la no renovación definitiva del mandato de la MINUSTAH!

La cooperación solidaria con el pueblo haitiano deberá estar regida por su propia perspectiva y a través de sus representantes, lejos de propuestas exógenas y violentas, que no sólo no han contribuido a la construcción de autonomía, sino que han acentuado el vínculo de dependencia y el asistencialismo.

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