Mar 21, 2013

Estado Asistencial e Iglesia

17 marzo de 2013

Fuente: Asociación de Jóvenes para el Desarrollo (ASOJOD)

Muchas ocasiones los liberales somos acusados injustamente de estar en contra de la redistribución, solidaridad y caridad. Afirmación, que resulta por una incomprensión de la doctrina liberal. Ya que en realidad la oposición no se refiere a dichas acciones propiamente, sino el sujeto o institución social a través de quien se ejecutan y materializan. Veamos.

Nuestra oposición se refiere únicamente a que dichas actividades sean desarrolladas por medio del Estado. Este reproche se funda en razón de que el Estado es el instrumento de violencia institucionalizada, del monopolio de la coacción y que por ello sus potestades de imperio no pueden servir para instrumentalizar a los individuos y obligarlos a perseguir acciones (por más bondadosas que sean) que no deseen. Lo anterior, no obsta a que otros grupos e instituciones sociales  promuevan tan nobles virtudes, tales como: Iglesias, ONGS, Asociación de vecinos, familias, amistades, etc.

Precisamente, este es el sentido de las palabras del nuevo Papa: “una Iglesia pobre para los pobres”, definitivamente ese debe ser el objetivo de este tipo de instituciones. Por ello, nunca logramos entender por qué toda la institucionalidad de la Iglesia siempre anda pidiendo que sea el Estado que se encargue de estos asuntos, cuando son ellos así como otras instituciones de bien social las llamadas a cumplir con dicho rol dentro de la sociedad.

Lo anterior, no es una diferencia menor. Ya que los liberales estamos convencidos que la caridad privada siempre va ser más efectiva que la caridad pública, por dos razones básicas: 1) No puede ser corrompida para propósitos electorales, clientelistas o de aspiraciones personales de poder, 2) Sin duda, el trato humano directo es más cálido que recibir un cheque de una institución estatal, es decir, ese contacto frente a frente entre el voluntario y el necesitado produce a nivel de tejido social una vinculación y sentido de esperanza mucho más sólido que el que cualquier programa asistencial estatal pueda generar.

Así, no cabe duda de la importancia que recae sobre los individuos como actores sociales activos, involucrados en los más distintos ámbitos de la vida social, si descuidamos esos espacios siempre habrá un megalómano en el poder listo para ocuparlos para su beneficio personal.

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