Mar 25, 2013

Yo no soy el que sale en la tele

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24 marzo de 2013

Fuente: Zen & Caos

La chiquita me volvió a ver con una cara de seguir forzando esa sonrisa que, segundos antes, todavía era natural. Nerviosamente, volvía a ver a su tía con una mezcla de, "no quiero causar una escena, pero sacáme de aquí" y "qué bárbara mi tía, está chochando de vieja ya. " Su tía, aclaro, apenas llega a los 30 años, pero sabemos que eso en "edad niños", equivale a que a la pobre treintañera le estén dando atole mientras alguien le grita en el oído: "¿así está bien abuelitaaaaa?"

Hacía unos minutos, esa tía, que era mi vecina, había pasado por mi apartamento para preguntar si podía presentarme a su sobrinita, que ella veía el programa todos los días y que no podía creer que su tía conociera "al muchacho que sale en tele."  Le dije que sí, claro.

Aquí podríamos discutir varias semanas sobre lo que significa salir en tele aquí, en Costa Rica; lo que la gente piensa que uno es, vrs lo que realmente hay bajo este poco de piel,músculo, grasa, pelo y huesos; las ventajas, desventajas y peculiaridades; pasando por la gente que siente que te conoce "pero no se acuerda de dónde", haciendo varias escalas en los que te tratan mal sin conocerte "para que uno no se crea doña toda", y deteniéndose en los que gustan de debatir durante horas, si aquí en nuestro país hay famosos, conocidos, faranduleros, bombetas o (inserte aquí larga lista de adjetivos: dulces, amargos, vomitivos, gentiles, crueles y similares...en cantidad suficiente para llenar un pañuelo de seda o un rollo de papel higiénico, según sea su preferencia).  Pero no, todo ese poco de cosas merece un post propio, que desde hace tiempo vengo sopesando. Éste, es exclusivo para esa pequeña que se detuvo en mi puerta y lo que me puso a pensar.

Minutos más tarde entonces, estaba mi vecina con su sobrinita en la puerta de mi apartamento. La pequeña, traía una sonrisa enorme, como si le hubieran dicho que se había ganado un helado con suficiente carga de azúcar, como para desequilibrar mentalmente a 40 niñeras con la paciencia de la Madre Teresa. Apenas me vió, su sonrisa se convirtió en esta mueca extraña, forzada. En mi imaginación, el cerebro de la pequeña estaba todo confundido, pero aún dándole órdenes a los músculos faciales: "¡Sostengan la sonrisa! ¡No se que putas está pasando, pero sostengan la sonrisa!"

La niña volvió a ver a su tía y le dijo, como para estar segura:

-" Tía, se parece al muchacho que sale en la tele."

Y mi vecina, que no le había visto la cara de extrañeza, le respondió que sí, que yo era el que ella veía en la tele.  Yo, pues, desde el inicio capté la expresión de la chiquilla y se los juro, fue tan rara que, mentalmente, comencé a hacerme un autochequeo, digo, para ver qué pasaba.

"¿Será que estas fachas de domingo no le calzan con el mae que ve en el programa?, ¿Habrá creído la chiquilla, que su tía le hablaba de algún otro y ahora está decepcionada hasta la pared de enfrente?" 

Todo eso mientras mi cerebro le daba la misma orden a mi sonrisa, de quedarse quieta, militarmente, en su lugar.  Tomé la iniciativa y saludé alegremente a la chiquita cuidando, eso sí, de no sonar ni a payaso de alquiler en fiesta infantil, ni a amigo de papás recién presentado (de esos que usualmente le hablan a los niños bien duro y como queriendo sonar amigable: ¿como estaaaaaaaaas?)

Kaitlin_and_the Butterfly

Peor. La sonrisa se le fue a la chiquilla. Se convirtió en una pequeña diplomática que me soltó el clásico: "Bien gracias ¿ y usted?", casi recitado, que usan los niños cuando no quieren que los regañen por no hablarles a los mayores, pero se nota que preferirían mil veces estar viendo cómo se seca la pintura en una pared.

Ahí sí que mi vecina notó que algo no andaba bien. Me volvió a ver con cara de no entender mucho y  decidió terminar la visita con un: "Bueeeeeeno... esteeee, diay te dejo, vamos por un helado". Se fueron de la mano y yo, quedé preguntándome qué fue todo aquello. Media hora más tarde, mi vecina me llamaría, muerta de risa, para resolver el misterio.

Si, la chiquita quería conocerme a mí, pero no creyó que yo...era yo. ¿La razón? No eran mis fachas; después de todo, tampoco es que parezca un leñador de principios de siglo sin rasurarme, ni que en mi tiempo libre ande en enaguas y peluca, por decir algo.  Tengo que confesarles que no esperaba esta respuesta.

-"Mi sobrinita me dijo toda enojada..." - me comento mi vecina. -"que ése no podía ser el muchacho que sale en la tele, por que todo el mundo sabe, que la gente que sale en tele vive en mansiones, no en apartamentos tan chiquitillos."

Mi humilde hogar... según la imaginación de la niña.

Mi humilde hogar... según la imaginación de la niña.

Digamos, que procesé la información unos segundos y después casi saco cuadritos instantáneos en la panza a causa de la risa.

¡Quién sabe qué programa de E! u otro canal "showbiz", le había hecho el mapa mental a la chiquita, de lo que la casa de uno con mi trabajo debía ser!

De ahí, pasé a pensar ,que probablemente (y como le sucedería a prácticamente todos los asalariados), si uno tuviera este mismo empleo, pero en otro país en donde gane en euros, dólares o petrodólares, al rato habría podido satisfacer la fantasía de la pequeña. Pero eso duró poco. Lo que me terminó de confirmar esa visita relámpago, es que este medio es de apariencias que, aunque se sustentan en el aire, son transmitidas muy efectivamente.

Lo que me pasó a mí, es una pequeña borona lo sé, comparado con el banquete de impresiones que, día a día, se lanzan al mundo con la naturalidad de algo sin mayores consecuencias.  Pero las hay.

Hay niñas que lo que creen, no es exactamente que un presentador costarricense viva como si fuera una estrella de Hollywood, sino que una modelo en

Mmm sip... en algo ayuda el photoshop. Mmm sip... en algo ayuda el photoshop.

la portada de X revista, es así, naturalmente, sin ayuda de un equipo de diseñadores, expertos en maquillaje, de peinado, de fotógrafos dedicados a capturar el instante en que todo se vea perfecto, e incluso de magos digitales, listos a aplicar el bisturí virtual en donde sea preciso.  No que las modelos no hagan su parte por estar en forma, ni que la naturaleza o la ciencia no las haya hecho hermosas, pero nadie en este planeta tiene la piel de un sólo tono uniforme de pies a cabeza, excepto Barney o los personajes animados de Dreamworks.

También habrá niños (o no tan niños), que crean, ya sea por un video musical o alguna narconovela, que la visión del éxito que vale, es lograr estar rodeado de bling-bling, carros finos y silicona cubierta de piel de alquiler, por encima de cualquier sentido de la moral y de lo que ser humano significa.

Esto pasa desde que el mundo es mundo: televisión, cine, internet, revistas, cuentos, novelas, tradiciones orales, leyendas urbanas...no hay duda de que el ser humano necesita de cierta fantasía para alternar con la realidad. Si no fuera así, no tendríamos estereotipos como el del valiente y tosco detective privado, envuelto en su gabardina eterna y conquistando a las mujeres desvalidas de la gran ciudad, sin siquiera hablarles; o como el del inspirado escritor, casado con su vieja máquina de escribir del siglo pasado, o cualquier otro que tiña nuestra realidad con algo más emocionante que las noticias diarias.

Si, las imágenes cambian....Caricatura por Yasera Bohamed Si, las imágenes cambian....
Caricatura por Yasera Bohamed

Pero el saber distinguir la realidad de la fantasía, es precisamente un arte que muchos no manejamos a veces. ¿quién no ha sucumbido ante alguna imagen de humo?. Mientras tanto la responsabilidad, siento yo, queda repartida entre una industria que produce fantasías a las cuales muchos aspiran (y que ha sido señalada y responsabilizada en numerosas ocasiones), el sentido común propio y los responsables de guiar a las mentes jóvenes, en este laberinto que se llama vida.

Y bueno, si mi vecina tuvo el tino de explicarle a su sobrina cómo son las cosas, tal vez todo sea diferente en caso de volvernos a ver algún día. Si no, puede ser que se quede con esa idea de que yo, gracias a mi falta de mansión, no soy el que sale en tele.

- Walter Campos

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