Apr 1, 2013

La desconfianza, “los notables” y la corrupción

1 Abril de 2013

Fuente: Álvaro Mata Guillé*

 

Las recientes sentencias dictadas por los tribunales de justicia, dejando sin causa penal tanto a un expresidente como a un ex diputado, junto a un indulto que se otorga por compadrazgo, hacen evidente el conjunto de males que corroen las raíces del sistema social, destruyendo los fundamentos que conforman la sociedad y el elemento vital de la convivencia: la confianza.

Estos hechos, sumados a muchos otros, refuerzan la sensación de impunidad, de la ley sin ley que se institucionaliza, pero no solo porque se deja libre a través de artimañas legales a posibles culpables, sino porque se instaura la impunidad como parte funcional del sistema y del hacer cotidiano, en la cual el que actúa con dolo sabe a conciencia que sus acciones no serán perseguidas ni tendrán castigo, sea que lo logre por triquiñuela, abuso de poder, tráfico de influencias o por la misma institucionalizada ineptitud, por lo errático y la caducidad, ya conocida por todos, del Poder Judicial, que lo hacen cómplice del delincuente, del estafador, de los corruptos.

Hay una relación intrínseca en la operatividad e ineptitud de las diversas instituciones y el deterioro generalizado en la convivencia y la confianza en el sistema social, en la idea de país y de cultura. Lo errático del Poder Judicial, las largas “listas de espera” y el empobrecimiento en los servicios de salud, lo estéril del sistema educativo y su vocación por imponer un conocimiento muerto, más preocupado por “los gorditos” que por la pobreza que alcanza un 25% de la población, unido a los “artistas” declarados un accesorio, por parte del ministro de cultura, junto a la infraestructura de huecos en las calles o la engorrosa burocracia que invade todas las dependencias estatales, instituyen un modelo donde al imperar lo mediocre, lo inepto o lo inútil, convierte a todas las instituciones del Estado en elefantes blancos, poniendo en evidencia también, que el eje principal que da razón de ser a esas instituciones, a los funcionarios públicos y a la misma clase política acostumbrada a la vaciedad de los discursos, es dejado de lado como un desecho, como un estorbo, como una necedad, pues dejaron de importar las personas, la convivencia entre las personas, el usuario, la ciudadanía.

Elementos dejados por fuera. ¿Por qué estos elementos no son tomados en cuenta en el “informe” de los llamados “notables” o en las propuestas "políticas" de aspirantes, candidatos o grupos similares, por qué se dejan de lado los hechos de esa realidad real (la corrupción, las mafias organizadas, la obsolescencia del funcionamiento de las instituciones públicas, el compadrazgo, la destrucción de la sociedad en términos de sociedad) que unida a una clase política y una oposición a favor de lo inepto y la conveniencia, invaden todas las esferas de nuestra sociedad?

La respuesta es contundente y no alejada del estupor: porque en ellos, en esa clase política y en la oposición institucionalizada, en esa burocracia académica de "analistas y comentarios de lo conveniente", en los ahora "no-artistas" del sentimentalismo de la loa y la palmadita en la espalda, formados todos ellos dentro del modelo que impuso el pequeño PRI centroamericano, prevalece, –impera, domina, subyuga– una profunda indiferencia, una frialdad mezquina que hace invisible (que hace no existir) todo aquello que es ajeno a sus egos o sus intereses.

El deterioro que vivimos es ético, se adhiere a una destrucción radical de las instituciones. No es extraño que ante esta dinámica los conceptos de "nacionalidad" –de "identidad", que el “tú” se imponga en detrimento del “vos”, de "lo costarricense", de "nuestra historia"– se empobrezcan o se vulgaricen, dominados por los derroteros de la silicona, lo pequeñito y lo lumpen, dominados por la ineptitud y el imperio burocrático de la conveniencia y el compadrazgo.

Sin instituciones creíbles, sin un movimiento social que aglutine nuevamente a la ciudadanía e invite a creer en otra cultura, en la misma sociedad, sin diálogo ni crítica, sin eficiencia ni confianza, no se puede llegar muy lejos, menos salir del estado actual de cosas, menos dejar de favorecer al mediocre, al inepto, al corrupto, al delincuente.

*Escritor.

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