El riñón ambientalista
Escrito por Dr. Freddy Pacheco
Catedrático UNA
Cada 24 horas se producen unos 170 litros de filtrado glomerular, de los cuales acabará saliendo como orina aproximadamente un litro y medio, por los túbulos colectores hacia la pelvis del riñón. Se produce así una considerable reabsorción del líquido glomerular (fundamental para el buen funcionamiento del organismo) desechándose lo indeseable, lo que de quedarse en los tejidos corporales, podría provocar daños irreparables e inclusive la muerte.
Pero no siempre funcional bien y así, en ciertas sociedades, las enfermedades renales ocupan el cuarto lugar entre las enfermedades de mayor importancia, en parte porque los riñones pierden su capacidad de mantener la homeostasis de la sangre, dándose acumulaciones de iones hidrógeno, desechos nitrogenados y otros.
Similarmente, podría decirse que los ambientalistas juegan, en sociedades como la costarricense, una función comparable a la que exhibe el riñón:"filtran" aquellas cosas que, de mantenerse vigentes o latentes, podrían causar graves daños a la salud ambiental.
Los mecanismos de acción, aunque diversos, a veces son ejecutados por entes caracterizados por una visión preventiva que permite separar, cual si fuere un filtro glomerular, lo malo de lo bueno, lo que lleva en sí el desequilibrio ecológico y la destrucción de los ecosistemas.
Así, cual "orina", poco a poco (pero muy regularmente) se va desechando todo aquello que no sirve y que acaso pudiere parecer intrascendente, pero que de permitir su efecto tóxico traería consecuencias indeseables para el ambiente. Es cuestión de mirar hacia atrás y pensar en lo que hubiera sucedido en Costa Rica, por ejemplo, si se hubiera permitido ejecutar el negocio tigre con la Alcoa, asociado a la explotación del aluminio que se encuentra en los suelos del valle del General. O la construcción de dos gigantescas terminales petroleras al sur del Parque Nacional Tortuguero en el Caribe y en Bahía Culebra en el Pacífico, donde hoy se desarrolla el Proyecto Turístico Golfo de Papagayo, como parte del también gigantesco oleoducto que se aprestaba a desgarrar el territorio nacional de costa a costa.
O la extracción de oro a cielo abierto que, para desgracia de los habitantes de la zona norte, contaminaría sus suelos agrícolas, forestales y recreativos. O la explotación del mal llamado "oro negro" que, de haberse permitido, hubiera acabado, en un dos por tres, con las potencialidades turísticas de las riberas limonenses. O el desarrollo y funcionamiento de quién sabe cuántos "proyectos" que gracias a las regulaciones ambientales formales, no han pasado de ser eso: "proyectos".
Aunque (al igual a como sucede en el cuerpo humano) no siempre funciona bien el "riñón ambientalista", ha de reconocerse que si el mismo no hubiera cumplido con su tarea en casos como los señalados y otros menos conocidos, las consecuencias las estarían lamentando los habitantes del país.
Por ello, nos parece paradójico que el Dr. Jaime Gutiérrez Góngora, distinguidísimo especialista en urología, y por tanto gran conocedor de la importancia de una buena función renal, además de defender la explotación petrolera, descalifique (desde La Nación) la lucha cívica de hace 40 años contra la Alcoa y añore la realización de proyectos ambientalmente peligrosos.




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