Dec 28, 2010

Aplaudiendo al aterrizar

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Poco a poco la pista se fue acercando hasta sentir cómo las ruedas del avión dieron el familiar chillonazo al aterrizar. Inmediatamente después el interior de la nave estalló en aplausos.

Si, el avión iba en un 99% lleno de ticos. Eso último ya lo sabía, de hecho lo supe desde un par de horas antes cuando comenzaron a oírse los chistes de: “mae si esto se queda varado ‘usté’ se baja a empujar”, “¡parada!”,”compa, esto va para el puerto veá?” y similares…

Sin embargo, se me había olvidado por completo ese pedazo de chiste común que siempre se ha mencionado, desde los famosos “polómetros” hasta en cuanta reunión hay cuando se habla de ticos.

Lo curioso del asunto es que yo venía de México, una de las capitales mundiales del nacionalismo y del orgullo patrio;

durante ese fin de semana, estuve siendo testigo de cómo el “Viva México Cabrones” se escucha por todo lado y en todo lado, desde en anuncios comerciales que nada tienen que ver con turismo, hasta escrito en puestos de churros y buses por las calles. El mismo nacionalismo que le revienta el escroto a más de uno durante los partidos de fútbol aquí en Costa Rica por que, obviamente, son nuestros némesis en la región; el mismo nacionalismo que a muchos les cae mal por que se tienen que tragar las toneladas de programación mexicana que se nos receta en tv por cable… y sí, el mismo del que nosotros los ticos hemos dicho en alguna ocasión que tenemos que aprender un poco.

En un partido o en la tele, estando de frente, ese nacionalismo mexicano se siente como algo puesto en la cara, casi como obligándolo a uno a leer una especie de cartel frente a la nariz que raya en: “mi país es mejor que el tuyo”. Pero estando entre ellos, ese “¡Viva México!” gritado a todo pulmón cuando sólo hay otros mexicanos cerca, sabe más bien a puro amor por su país. Se les sale por los poros, están enamorados de su país.

Aquí, a pesar de las manadas que tuercen la boca a cada rato y salen con un : “es que en este país…” seguido de alguna crítica, yo sigo insistiendo que tenemos uno de los mejores del mundo. ¿qué me molesta? En mucho cómo se hacen las cosas, la corrupción de muchos políticos, los pintas y delincuentes y las actitudes que muchos de los ticos tenemos. Fuera de eso firmo donde sea que este país es privilegiado en muchos más sentidos que simplemente en los que tienen que ver con naturaleza y ecología.

Pero entonces… ¿acaso México tampoco es famoso por sus niveles de corrupción? ¿No es famosísimo el DF por su nata de smog sobre el cielo y por sus presas capaces de desesperar hasta al Dalai Lama? Pero a su país ellos no lo abandonan, le siguen gritando que lo quieren, ya sea estén solos o frente a extranjeros a quienes a veces nos puede parecer que ya es “suficiente”.

De vuelta en el avión, mientras el montón de ticos terminaban apenas de aplaudir por el aterrizaje y yo de reírme por la sorpresa, pasó algo que no había visto en ningún otro vuelo. Una de las sobrecargos también estaba viendo la escena, ignoro si ella también tenía tiempos de no atestiguar el aterrizaje con aplauso, pero estaba viendo al poco de ticos con una gran sonrisa. Pareció que algo la movió por dentro y en lugar de poner cara de crítica, tomó el micrófono y anunció:

“Bienvenidos a Costa Rica!! Tierra del gallopinto y de la buena gente!”

Sobra decir que el aplauso volvió con ganas.

Cierto que hay cosas que nos causan gracia. Cierto que muchas son dignas de ser recordadas en reuniones y redes sociales, pero el impulsivo gesto de la mujer, casi como diciendo: “sí, está peculiar eso de aplaudir en el avión, pero bueno, no nos quedemos atrás en eso de echarle flores al país”, me dejó pensando.

 

El segundo aplauso, el que fue incitado por la mención de nuestro país, debió ser el primero, el espontáneo, el de costumbre. Es más fácil hacerlo a diario y reconocer las cosas buenas que tenemos, que esperar a tener la oportunidad de que nos “exhorten” a hacerlo en algo tan peculiar como aplaudiendo al aterrizar.

-Walter Campos

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