May 4, 2011

Amor a la Patria

Por Bernardo Archer

 

Si entendemos por problema a una “situación de difícil solución”,  entonces nada de lo que se dice ser problema hoy en día, lo es en realidad; son solo nociones adulteradas y corruptas de la realidad.  El nuestro es un país relativamente estable y bien organizado con un solo desafío; mejorar la productividad y calidad de vida de los campesinos y quienes viven en los asentamientos precarios; establecidas por descuidos de los ayuntamientos Municipales, en las márgenes de las ciudades. Esos son nuestros verdaderos problemas nacionales.


Tanto la lucha por el Directorio de la Asamblea Legislativa, La ruptura interna del PLN, La situación de la CCSS, el ICE, JAPDEVA, Concesión de Puertos, Carretera a Caldera, etc. Son todas situaciones que nacieron de políticas y decisiones equivocadas.  Es decir, fueron situaciones creadas con soluciones a la vista y alcance de nuestros gobernantes y jerarcas de esas Instituciones; bastaría para alcanzarlos, una buena dosis de seriedad, honestidad y amor a la patria.


Tan cerca estamos del anhelado progreso nacional. Sin embargo, a veces se mira a leguas e inalcanzable,  por nuestras propias limitaciones personales. Solo podemos soñar con aquello que nuestra mente sea capaz de imaginar. Estamos sin duda, cayendo prisioneros en la pradera de nuestra blandura y soberbia. Por su parte, la avaricia desenfrenada de algunos políticos que salieron de la pobreza casi extrema,  gracias a su tenacidad repartiendo volantes y pegando banderas; tienen a todo la ciudadanía distraída y desgastándose en polémicas innecesarias e irrelevantes al progreso de la nación.


Esta década en que nos encontramos, bien aprovechada podría constituirse en un periodo de oro para la economía y del desarrollo de nuestro país. Oportunidades como estas no las veremos repetirse en los próximos cien años.  Así es como el país pierde oportunidades que desaparecerán para siempre, solo para atiborrar la sed de lucro de un rebaño de empresarios de la política y la vanidad personal e inmodestia de algunos presumidos que los vigila. Que siga el vacilón y los vacilados seremos todos los costarricenses sin ninguna excepción. Persiste en nuestra nación un tremendo déficit de amor a la patria; pero un amor que no se mide por el volumen de  improperios lanzados en contra de los vecinos del norte e invasores de la Isla Calero.


Tampoco se mide por la altura en que se levanta el pabellón nacional o la bandera tricolor. Que la medida sea más bien,  el nivel de seriedad, honestidad, dedicación y abnegación desdobladas en el ejercicio de la función pública. Esto es parte de la cultura Afro costarricense orgullosamente heredado de mis antepasados. Esa abundancia de amor hacia su comunidad que poseían nuestros abuelos hizo que Limón el algún momento fuera considerado, la Ciudad más limpia de Costa Rica. Permitió que sin pena ni dolor superar los obstáculos de una provincia abnegada por los gobernantes.


Igualmente, les permitió desarrollar una economía estable y autosuficiente, sin necesidad de recurrir al estado o los bancos. Un desarrollo basado en el uso adecuado de los recursos naturales, protegiendo siempre al medio ambiente del cual dependía su sustento diario.


Para ellos el orden de las prioridades estaban claramente definidas: Ropa, zapatos, casa, comida, educación y ahorro. Las mercancías de lujo eran secundarias y hasta irrelevantes. El andar a la moda no era de su menester y bajo esa dogma de principios fueron criados sus hijos; pobres de suntuosidad pero con rectitud de ánimo, integridad en sus quehaceres, temple y tenacidad. Desde esta premisa, mi herencia de pobreza es la mayor fuente de mi felicidad y un apreciado tesoro.
 

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